Llegan las luces, los villancicos y esa sensación de que el año está a punto de cerrarse. Para muchas empresas, diciembre es el mes de reunir al equipo, mirar atrás con orgullo y dar las gracias a quienes han hecho posible cada logro. Y la pregunta llega siempre por las mismas fechas: ¿cómo queremos celebrarlo?
Las comidas de empresa tradicionales han dejado de sorprender y hoy en día los equipos buscan experiencias diferentes: celebraciones personalizadas, que reflejen sus valores y dejen huella en el entorno que las acoge.
Celebrar la Navidad en un entorno rural de Cataluña es una oportunidad para salir de lo habitual, descubrir nuevos lugares y compartir momentos auténticos. Es conectar con el equipo desde otra perspectiva, sin prisas ni formalidades, y crear recuerdos que perduren más allá de un solo día. Porque la Navidad de empresa no debería ser una celebración más, sino una experiencia que realmente merezca la pena recordar.
Además, permite apostar por una forma de organizar eventos basada en tres conceptos que cada vez tienen más importancia: proximidad, autenticidad y sostenibilidad. En Rurality Events creemos que estos tres valores pueden combinarse para crear actividades de empresa y experiencias de team building con un significado muy especial, y la Navidad es el momento perfecto para demostrarlo.
Proximidad: una Navidad con sabor a lo de aquí
La Navidad se saborea, y pocas cosas despiertan tantos recuerdos como los productos de la tierra. Trabajar con proveedores locales es una forma de acercarse al territorio y descubrir todo lo que puede ofrecer en estas fechas: quesos, embutidos, aceites, mieles, vinos, dulces artesanos o recetas que pasan de generación en generación. Cataluña tiene un ejemplo muy claro de ello en el Torró d'Agramunt, un turrón con Indicación Geográfica Protegida (IGP) elaborado con almendras o avellanas peladas y tostadas, miel, azúcar, clara de huevo y oblea. Su Consejo Regulador tiene sede en Agramunt (Lleida), y es un buen recordatorio de que lo que llega a la mesa en Navidad tiene detrás un territorio y unas manos concretas. Lo mismo ocurre con las Clementines de les Terres de l'Ebre, otra IGP catalana con Consejo Regulador en Tortosa, o con el aceite de la DOP Les Garrigues, perfecto para una mesa de temporada. Contar con productores, artesanos, guías, alojamientos y empresas de actividades de la zona permite diseñar experiencias mucho más conectadas con el destino. Ya lo contamos en nuestro blog: el papel de los proveedores locales en la creación de experiencias corporativas es clave para que un evento tenga identidad. Además, apostar por servicios de proximidad ayuda a reducir desplazamientos innecesarios y genera oportunidades para los negocios locales justo en la época del año en la que más lo agradecen. En un evento corporativo navideño, esto puede traducirse en:- Una comida o cena de Navidad con productos de temporada elaborados por cocineros y productores de la zona.
- Un taller navideño con un artesano local, desde adornos de madera o esparto hasta velas y centros de mesas.
- Una cesta de regalo local con turrones, mieles o aceites de la comarca para que cada persona del equipo se lleve un detalle hecho por manos del territorio.
- Un paseo por el pueblo iluminado guiada por alguien que conoce el entorno y sabe contar sus historias.
Autenticidad: tradiciones que se sienten de verdad
Una experiencia auténtica no necesita grandes artificios. En Navidad, lo más especial suele estar en lo sencillo: descubrir cómo se celebran estas fiestas en un lugar concreto, escuchar las historias de quienes mantienen vivas sus tradiciones o sentarse alrededor de una mesa donde cada plato tiene su porqué. Cataluña es un buen ejemplo de ello, porque tiene sus propias tradiciones navideñas. Algunas, muy reconocibles:- El Tió de Nadal. Un tronco sonriente, con barretina y manta, al que se “engorda” desde el Adviento y al que, llegado el momento, se golpea con un palo cantando para que “cague” regalos. Hay fiestas y ferias del Tió repartidas por toda Cataluña donde vivirlo en familia o en equipo.
- La Fira de Santa Llúcia. En Barcelona, la Fira de Santa Llúcia reúne cada año actividades como la Diada de les Tradicions i Costums Nadalencs a Catalunya, en el Pla de la Catedral, o el Tió gigante del Portal de l'Àngel.
- Los pesebres vivientes. El Pessebre Vivent de Corbera de Llobregat suma más de sesenta ediciones y propone un recorrido guiado de unos 700 metros por un entorno natural de 4.000 m², entre bosque, río y roca, con escenas interpretadas por actores y animales.
- Sant Esteve y los canelones. El día después de Navidad, la mesa catalana se llena de canelones rellenos de carne asada, tradicionalmente la sobrante de Navidad. Algunos historiadores discuten ese origen, como cuenta Directo al Paladar, pero el plato sigue siendo una cita imprescindible.
- Las neules. Los barquillos enrollados de Navidad ya aparecen mencionados en un texto de 1267 sobre la cena de Navidad ofrecida al rey Jaime I, según la misma fuente: una prueba de que hay tradiciones que se saborean desde hace siglos.
Sostenibilidad: cuidar el lugar que nos acoge
Las fiestas son también una época de excesos: envoltorios, desechables, comida que sobra y desplazamientos de última hora. La sostenibilidad en los eventos corporativos va mucho más allá de reciclar; implica tomar decisiones responsables sobre los espacios, los desplazamientos, los proveedores y los recursos que se utilizan. Elegir empresas locales, evitar materiales de un solo uso, aprovechar productos de temporada o diseñar actividades respetuosas con la naturaleza son algunas formas de reducir el impacto de un evento. También es importante adaptar cada propuesta al entorno y respetar sus ritmos, sus espacios y sus características. Y si quieres que tu equipo deje una huella aún más positiva, las experiencias RSC son una buena forma de devolver algo al territorio. Pequeños gestos para una Navidad más verde- Decoración hecha con materiales naturales, reutilizables o elaborada por artesanos de la zona.
- Vajilla y menaje reutilizables en lugar de plásticos y vajilla desechable.
- Menús de temporada con raciones ajustadas y, si sobra, un plan para aprovecharlo (como se dice que hacen los canelones de Sant Esteve).
- Desplazamientos organizados para que los equipos compartan vehículo o utilicen transporte colectivo.
- Regalos con sentido, que se pueda plantar, consumir o reutilizar, en lugar de merchandising que acaba en un cajón.