Hay un paradoja en el trabajo directivo que mucha gente ha experimentado: las mejores ideas, las decisiones más importantes y las conversaciones más honestas raramente ocurren en las salas de reuniones de la empresa. Ocurren en los pasillos, en los viajes de avión, en las cenas de trabajo o, cada vez más, en los retiros directivos fuera de la oficina.
El entorno rural tiene algo que los espacios urbanos no pueden replicar: silencio real, distancia del ruido cotidiano y una atmósfera que predispone a la reflexión y a la escucha. No es casualidad que algunas de las decisiones estratégicas más importantes de las últimas décadas se hayan tomado en entornos fuera de la ciudad. El contexto cambia la calidad del pensamiento.