El bienestar emocional de los equipos

El bienestar emocional de los equipos: eso que dejamos para después

En las organizaciones hay cosas que siempre parecen tener prioridad: una reunión que preparar, un proyecto que entregar, un objetivo que cumplir, un problema que resolver.

Y entre todas esas obligaciones, hay algo que fácilmente queda en segundo plano: cómo estamos.

El bienestar emocional de las personas y de los equipos no suele ser urgente. Y precisamente por eso, muchas veces se pospone.

Cuando todo lo demás va primero

Vivimos en entornos de trabajo en los que estar ocupados se ha convertido casi en la norma. Hay poco tiempo para parar, para preguntarnos cómo nos encontramos o simplemente para salir, durante un momento, de la dinámica del día a día.

El estrés, el cansancio, la presión o la dificultad para desconectar pueden acabar formando parte de la rutina.

Pero que algo sea habitual no significa que debamos dejar de prestarle atención.

Un equipo también necesita espacio

Cuando hablamos de bienestar emocional, no hablamos de tener siempre un equipo feliz ni de evitar los momentos difíciles. Hablamos de algo mucho más sencillo: dar espacio a las personas.

Poder parar, compartir, escuchar y poner sobre la mesa cómo estamos puede ayudarnos a entender mejor las dinámicas que vivimos en el día a día.

Porque las personas no dejamos nuestras emociones en la puerta de la oficina. Lo que sentimos también forma parte de cómo trabajamos, cómo nos relacionamos y cómo afrontamos los retos.

 

La prevención también puede ser emocional

En las empresas cada vez hablamos más de estrés, desgaste y riesgos psicosociales. Pero la prevención no tiene por qué empezar cuando ya existe un problema.

También puede consistir en generar conciencia, abrir conversaciones y crear espacios donde el bienestar tenga su lugar.

No se trata de añadir una obligación más a la lista, sino de reconocer que cuidar de las personas también forma parte de cuidar de un equipo.

Dar espacio a lo que normalmente dejamos para después

Quizá el primer paso sea simplemente parar.

Salir durante unas horas de la dinámica habitual. Cambiar de entorno. Compartir una experiencia. Tener tiempo para hablar de algo que normalmente queda fuera de la agenda.

No hace falta buscar grandes respuestas. A veces, simplemente dedicar tiempo a algo que normalmente dejamos para después ya supone un cambio.

Porque si siempre esperamos a tener tiempo para parar, probablemente nunca lo encontremos.

El bienestar emocional no debería ser aquello a lo que prestamos atención cuando ya no podemos más. También puede ser algo que decidimos cuidar antes.